Marlene núñez Ramírez
Trump “permite” ayuda humanitaria rusa en Cuba
El Presidente estadounidense Donald Trump, intenta aprovechar la desventaja de tener que haber dejado pasar al barco ruso con el petróleo paliativo para Cuba, porque simplemente no le convenía atacarlo; discurseando mediáticamente que se preocupa del pueblo cubano y que el bloqueo es en contra del régimen cubano y de sus gobernantes.
Insiste en el guión con el que intenta que el pueblo cubano se vaya en contra de sus autoridades de gobierno, que siguen gobernando de acuerdo a la ideología de la revolución cubana - en la medida de lo posible - a la altura de 60 años de bloqueo económico, que sin duda hoy es brutalmente criminal por sus características de exterminio, explícitas.
Siendo la isla un hito de sobrevivencia al abuso y por lo mismo, un símbolo político que el imperio tiene hambre de devorar completamente de una buena vez, de hacerles desaparecer empujando en este instante, el golpe letal.
Tienen la necesidad de cerrar definitivamente el capítulo de impedir cualquier atisbo de socialismo, que de dejarlo crecer naturalmente, podría terminar hundiendo al capitalismo o, a lo menos ponerlo en eterno cuestionamiento existencial.
Después de todo, según los entendidos, este petróleo llegado a Cuba apenas alcanzará para cubrir las necesidades energéticas de 10 días a partir de su llegada y del refinamiento que le deje operativo. Trump por supuesto tiene en cuenta este dato y aprovecha la oportunidad para intentar confundir en su favor, pero la amenaza desbocada desde sus mismas fauces, sigue latente y plenamente vigente.
Da impotencia que la humanidad, especialmente la que reside en Latinoamérica, no entienda que la amenaza del imperio estadounidense hacia Cuba, es extendible a cualquiera y a todos, porque el afán colonialista es expansivo en sí mismo.
Ese motivo es harto más importante que el discutir si se está o no de acuerdo con la institucionalidad del régimen cubano venido de la Revolución armada, comandada por Fidel Castro, que le quitó el control que tenía EEUU sobre Cuba a través del gobierno títere de Fulgencio Batista, un símil de Augusto Pinochet, militar y político asesino y corrupto. Cuba al mando de Batista, era en ese momento como la isla de Epstein.
Enfrentar el hecho de que al imperio estadounidense no le interesa en absoluto salvar a ningún pueblo de democracias fallidas o de narcoterrorismo – la excusa más reciente – y, que sólo interviene para quedarse con las materias primas o lo que sea que le pueda rentar de esos países, es imprescindible.
Esta consciencia fundamental, exige unidad fraterna entre los pueblos abusados, para poder tener oportunidad de defenderse de alguna manera, a pesar de la desventaja; pero lo que se está observando es que la unidad no está pasando más allá de la solidaridad asistencialista de la ayuda humanitaria, lamentablemente.